lunes, 12 de diciembre de 2011
Cada corazón.
Cuando cede, se rinde y se ablanda.
Es el néctar del alma,
aquella que si enfría,
desvaneciendo se pierde.
Ocaso
viernes, 25 de noviembre de 2011
martes, 22 de noviembre de 2011
lunes, 21 de noviembre de 2011
Tu vida se resume al gran vacío impenetrable que siempre esquivo.

Cada día sentí que fue un logro, fue un año bastante loco y movido por suerte tuve la oportunidad de conocer personas con las que pude compartir conocimientos, obviamente emociones no porque como reacción habitual me es imposible.
Dejé dos carreras a lo largo de estos meses, no es raro porque suelo enloquecerme por algo y suelo dejarlo en el camino por aburrimiento o simple frustración, cosa que no me sorprendió. Últimamente las cosas no están saliendo bien y nunca pongo buena cara, pero lo que es particularmente genuino en mi es mi ánimo cero, aunque suelo fingir diversión y simpatía pero luego de un prolongado tiempo suele notarse y que mal por mí.
Úh que texto super personal, disculpen pero esto es realmente un desahogo de mi parte, supongo que tendré que volver a terapia, suelen asustarme los medicamentos por eso suelo abandonar siempre los tratamientos psicológicos, lamentablemente sólo necesito comprensión y paciencia, nadie la tiene, por supuesto no soy hipócrita, yo tampoco la tengo, pero bueno para variar creo que yo como quien me lea sintió alguna vez en la vida un agujero totalmente profundo del cual (en mi caso) no suelen existir conflictos externos u personas que conllevan grandes dilemas, sino es la disputa con uno mismo, me parece que es lo más difícil de resolver más allá de cualquier cosita dando vueltas, mayormente nos lleva a una fuerte depresión, tal es así que perdemos noción de espacio-tiempo y relación con cualquier persona, es totalmente doloroso admitir este tipo de situación, si tan sólo pudiese desaparecer sería un tratado de paz con el alma, sería asombroso.
Por ahora se que mi estado anímico es fatal, que tristeza.
martes, 9 de agosto de 2011
jueves, 19 de mayo de 2011
Las elegías de Duíno
Primera elegía
¿Quién, si yo gritara, me escucharía entre las órdenes
angélicas? Y aun si de repente algún ángel
me apretara contra su corazón, me suprimiría
su existencia más fuerte. Pues la belleza no es nada
sino el principio de lo terrible, lo que somos apenas capaces
de soportar, lo que sólo admiramos porque serenamente
desdeña destrozarnos. Todo ángel es terrible.
Así que me contengo, y me ahogo el clamor de la garganta
tenebrosa. Ay, ¿quién de veras podría ayudarnos? No
los ángeles, no los hombres, y ya saben los astutos
animales que no nos sentimos muy seguros en casa,
dentro del mundo interpretado. Nos queda quizás
algún árbol en la loma, al cual mirar todos los días;
nos queda la calle de ayer y la demorada lealtad
de una costumbre, a la que le gustamos, y permaneció,
y no se fue. Oh, y la noche, y la noche, cuando el viento
lleno de espacio cósmico nos roe la cara:
¿Para quién no permanecería aquélla, la anhelada,
la tierna desengañadora, ahí, dolorosamente próxima
al corazón solitario? ¿Es más suave con los amantes?
Ay, ellos sólo se ocultan uno a otro su suerte.
¿Todavía no lo sabes? Arroja el espacio que abarquen
tus brazos hacia los espacios que respiramos; quizá
los pájaros sientan el aire ensanchado con un vuelo más íntimo.
Sí, las primaveras de veras te necesitaban. Varias
estrellas te pedían que las rastrearas. Se alzaba
en el pasado una ola hacia ti, o cuando pasabas
por una ventana abierta, se te entregaba un violín.
Todo esto era una misión, ¿pero fuiste capaz de cumplirla?
¿No estabas siempre distraído por la esperanza, como
si todo ello te anunciara a una amada?
¿Dónde intentas alojarla, si en ti los grandes pensamientos extraños
entran y salen, y con frecuencia se quedan durante la noche?.
Pero si sientes anhelos, canta pues a las amantes; no es,
en absoluto, suficientemente inmortal su famoso
sentimiento. Aquéllas que casi envidias, las abandonadas,
las encuentras mucho más amantes que las saciadas.
Empieza siempre de nuevo la alabanza siempre inalcanzable.
Piensa: el héroe sigue en pie, aun el ocaso fue para él
sólo un pretexto para ser: su último nacimiento.
Pero a las amantes la exhausta naturaleza las recoge
en su seno, como si no hubiera fuerzas para lograr esto
dos veces. ¿Has pensado lo suficiente en Gaspara Stampa,
y lo que puede sentir cualquier chica a quien el amado
abandonó, frente a tan elevado ejemplo de mujer amante:
¿Llegaré a ser como ella? ¿Estos, los más antiguos
dolores, no deberán, por fin, darnos fruto? ¿No es
tiempo ya de que, al amar, nos liberemos del amado y,
temblorosos, resistamos, como la flecha resiste al arco,
para ser, unidos en el salto, algo más que la sola
flecha? Porque el permanecer está en ninguna parte.
Voces, voces. Corazón mío, escucha, como sólo los santos
escuchaban; la enorme llamada los alzaba del suelo;
pero ellos seguían de rodillas, de modo imposible,
sin darse cuenta: de tal manera escuchaban. No
que pudieras soportar la voz de Dios, lejos de eso, pero
escucha el soplo, las noticia incesante que se forma
del silencio. Murmura hasta ti desde aquellos que han
muerto jóvenes. ¿Acaso su destino no se dirigió siempre
tranquilamente a ti, en Roma y Nápoles, cuando entrabas
en alguna iglesia? O una inscripción sublime se grababa
para ti, como hace poco la lápida de Santa María Formosa?
¿Qué quieren de mí? Debo apartar en silencio
la apariencia de injusticia que a veces estorba un poco
el puro movimiento de sus espíritus.
Realmente es extraño ya no habitar la tierra,
ya no ejercitar las costumbres apenas aprendidas;
a las rosas, y a otras cosas particularmente promisorias,
ya no darles el significado del futuro humano; ya no ser
aquél que uno fue en interminables manos angustiadas
y hasta hacer a un lado el propio nombre, como un juguete
roto. Extraño, ya no seguir deseando los deseos. Extraño,
ver todo lo que tenía sus propias relaciones, aletear
tan suelto en el espacio. Y estar muerto es doloroso,
y lleno de recuperación, de modo que uno rastree
lentamente un poco de eternidad. Pero todos los vivos
cometen el mismo error de diferenciar demasiado
tajantemente. Los ángeles (se dice) con frecuencia no
sabrían si andan entre los vivos o entre los muertos.
La corriente eterna arrastra siempre consigo todas
las edades a través de las dos zonas y atruena sobre ambas.
Finalmente ya no nos necesitan, los que partieron
temprano, uno se desteta dulcemente de lo terrestre, como
uno se emancipa con ternura de los senos de la madre.
Pero nosotros, que necesitamos tan grandes secretos,
nosotros que tan frecuentemente obtenemos del duelo
progresos dichosos, ¿podríamos existir sin ellos?
¿Es inútil el mito de que, en la antigüedad, durante
las lamentaciones fúnebres por Linos,
una atrevida música primitiva se abrió paso en la árida materia
inerte; y entonces, por primera vez, en el espacio
sobresaltado, en el que un muchacho casi divino de pronto
se perdió para siempre, el vacío produjo esa vibración
que ahora nos entusiasma y nos consuela y ayuda?
* * *
Segunda elegía
Todo ángel es terrible. Y sin embargo, ay, los invoco
a ustedes, casi mortíferos pájaros del alma, sé quiénes
son ustedes. Los días de Tobías, ¿dónde quedaron?,
cuando uno de los más radiantes apareció en el umbral
sencillo de la casa un poco disfrazado para el viaje,
ya no tremendo (muchacho para el muchacho,
que se asomó, curioso). Si ahora avanzara el arcángel,
el peligroso, desde atrás de las estrellas, un solo paso,
que bajara y se acercara: el propio corazón, batiendo
alto, nos mataría. ¿Quién es usted?
Tempranos afortunados, ustedes, los mimados
de la creación, cadena de cumbres, cordillera roja
del amanecer de todo lo creado -polen de la divinidad
floreciente, coyunturas de la luz, corredores,
escalones, tronos, espacios del ser, escudos
deliciosos, tumultos del sentimiento tormentosamente
arrebatado, y de pronto, individualizados, espejos,
ustedes, los que recogen nuevamente en sus propios
rostros, la propia belleza que han irradiado.
Porque nosotros, siempre que sentimos, nos evaporamos;
ay, nosotros nos exhalamos a nosotros mismos,
nos disipamos; de ascua en ascua soltamos un olor cada
vez más débil. Probablemente alguien nos diga: Sí,
entras en mi sangre; este cuarto, la primavera se llena
de ti..., ¿de qué sirve? Él no puede retenernos,
nos desvanecemos en él y en torno suyo.
Y aquellos que son hermosos, oh, ¿quién los retiene?
Incesantemente la apariencia llega y se va de sus
rostros. Como rocío de la hierba matinal se esfuma
de nosotros lo que es nuestro, como el calor
de un plato caliente. Oh, sonrisa ¿a dónde? Oh,
mirada a lo alto: nueva, cálida, fugitiva
ola del corazón; sin embargo, ay, somos eso. ¿Entonces
el firmamento, en el que nos disolvemos, sabe
a nosotros? ¿De veras los ángeles recapturan solamente
lo suyo, lo que han irradiado, o a veces, como
por descuido, hay algo nuestro en todo ello? ¿Estamos
tan entremezclados en sus facciones, como la vaga
expresión en los rostros de las mujeres preñadas?
Ellos no lo advierten en el torbellino de su regreso
a sí mismos. (¿Cómo habrían de advertirlo?).
Los amantes podrían, si lo comprendieran,
hablar extrañamente en el aire nocturno. Pues parece
que todo nos oculta. Mira, los árboles son; las casas
que habitamos permanecen todavía. Sólo nosotros pasamos
de largo sobre todas las cosas como un cambio
de vientos. Y todo se une para acallarnos, mitad
por vergüenza quizás, y mitad por esperanza indecible.
Amantes, a ustedes, satisfechos el uno en el otro,
les pregunto por nosotros. Ustedes, los que se aferran
a sí mismos. ¿Tienen pruebas? Miren, me ha ocurrido que
mis manos se reconozcan entre sí, o que mi rostro ajado
se refugie en ellas. Eso me da cierta sensación. ¿Pero
quién, sólo por eso, se atrevió a creer que de veras
es? Sin embargo ustedes, los que crecen el uno
en el arrobo del otro, hasta que él suplica, abrumado:
“Basta”; ustedes, los que crecen, bajo sus recíprocas
manos, más exuberantes, como años de grandes uvas;
los que mueren a veces, sólo porque el otro se ha
expandido demasiado; a ustedes les pregunto por nosotros.
Sé que se tocan tan dichosamente porque la caricia
retiene, porque no desaparece el sitio que ustedes,
los tiernos, ocupan; porque, debajo de todo ello, ustedes
sienten la duración pura. Ustedes, de sus abrazos,
por ello, casi se prometen eternidad. Sin embargo, cuando
ya se han sostenido el sobresalto de la primera mirada,
y ya ocurrieron las ansias junto a la ventana
y del primer paseo juntos, una vez, por el jardín:
Ustedes, amantes, ¿siguen todavía entonces siendo
los mismos? Cuando el uno alza al otro hasta su boca
y se unen -bebida con bebida-: ¡oh, de qué manera
tan extraña el bebedor entonces se escapa de su función!
¿No se asombraron ustedes, en las estelas áticas,
de la prudencia de los gestos humanos? El amor
y la despedida, ¿no fueron puestos demasiado
ligeramente sobre los hombros, como si se tratara
de seres hechos de otra materia que nosotros?
Recuerden las manos, cómo se posan sin presión, aunque
hay vigor en los torsos. Estos dueños de sí mismos
lo sabían: Hasta aquí, nosotros; esto es lo nuestro,
tocarnos así; que los dioses nos aprieten
con mayor fuerza. Pero eso es cosa de los dioses.
Si nosotros encontráramos también una pura, contenida,
estrecha, humana franja de huerto, nuestra, entre
río y roca. Pues nuestro propio corazón nos excede
tanto como a aquéllos. Y ya no podemos mirarlo
a través de imágenes que lo sosieguen, ni a través
de cuerpos divinos, en los que se contenga más.
De "Las Elegías de Duíno" 1922 - Rainer Maria Rilke
sábado, 5 de marzo de 2011
Te compré un mundo de plástico para que seas feliz (pero eso te sigue consumiendo ¿entonces?)

Bueno como verán, a veces podemos tenerlo todo pero a la vez sentirnos vacíos, un vacío tan profundo y con una gran longitud en la cual podría caber una galaxia. A todo esto lo rellenamos con regalos, objetos que intenten saciar la sed de obtener nuestros sueños y sentimientos que al fin y al cabo pueden terminar en una infinita frustración.
jueves, 27 de enero de 2011
Cuando pensas que lo lograste, pero no es así, golpearte contra tu pared interior todo el tiempo nos brinda la sensación de bajar los brazos.

Sí, la verdad es que pensé que apoyándome y resguardando mi malestar personal contínuo, todo iba a mejorar, pero creo que no es así. Me siento culpable algunas veces ya que al comportarme de cierta manera suelo deprimir en cierta forma a algunas personas que medianamente quieren verme bien, pese a todo esto, me gustaría poder ofrecerles un poco de afecto, al máximo diría yo, pero no puedo.
martes, 18 de enero de 2011
Porque la mayoría se conforma con engaños y mentiras, ¿Es así como se sienten a gusto y dejan pasar las cosas por alto?¿Así es como es todo más fácil?

Bueno la verdad es que en cierto punto esto facilita las cosas, no tan así, sino que en la mayoría de los casos suelen conformarse y los errores quedan en el camino.
Hay veces que me gustaría ser como este tipo de personas, ya que al tener mucho rencor y desconfianza en mi vida se me es imposible pasar por alto traiciones o mentiras, mayormente esto provoca que me quede sola, ¡Sí! sola. ¿Qué es lo malo de esto? bueno mayormente la soledad no es la mejor compañera, pero la acepto antes que estar rodeada de engaños, pero... ¿Tu vida no es una mentira? la verdad es que no practicamente, tener poco afecto a mi alrededor a lo largo de mis años me hizo una persona fría pero muy vulnerable por eso suelo estar sola.
Ay pero que trágico suele ser todo, ¿Porqué así? ¿Porqué tan pesimista?, mayormente con esto se suele llamar la atención de algunos individuos, admito que sería lindo contar con muchas personas, pero al pasar los años y al crecer, abrimos de una buena vez los ojos y nos damos cuenta que estamos realmente solos, esto no es para nada trágico, es solamente la realidad.




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